INTRODUCCIÓN





Dedicatoria:
A mi abuelo José que, cogido a su mano y sin mediar palabra, me enseñó a través de los sentidos, que en Sevilla la primavera huele a incienso, a azahar, a romero y a juncia; el verano a jazmín y dama de noche, que la tristeza de la caída de la tarde suena a canto de vencejo, que al mirar al cielo se ve el azul profundo e infinito; y que al andar una y mil veces por las mismas calles, Sevilla se te mete en los huesos.
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INTRODUCCIÓN

LA GESTACIÓN DE UNA GRAN EMPRESA

CULMINACIÓN

OBRA CONSTRUCTIVA:
(En los epígrafes del INDICE DE TEMAS  de la columna de la izquierda se desarrollan los siguientes títulos)

- El Parque de María Luisa
- La Plaza de España
- La Plaza de América
- Los Pabellones Internacionales
- Los Pabellones Coloniales
- Los Pabellones Regionales
- Los Pabellones de las provincias Andaluzas
- Las construcciones e instalaciones oficiales
- Parque de Atracciones
- Los Pabellones Comerciales



INTRODUCCIÓN

Antes de empezar quisiera dejar claro, que el objetivo que se pretende con este trabajo es el de atraer y difundir entre el público general, el magno acontecimiento que fue la Exposición Iberoamericana, para lo cual se ha sintetizado lo publicado hasta la fecha por los grandes investigadores de la muestra, limitándome a recopilar datos de los distintos estudios que se relaciona, además de las investigaciones llevadas a cabo en diferentes archivos, y que creo dan una visión perfectamente clara y rigurosa de una parte relativamente reciente de la historia de Sevilla, que sin embargo durante un periodo de tiempo quedó sin ser investigada.

Gracias a la labor, de éstos, callada e ingente de investigación en multitud de fuentes consultadas han logrado que ese gran evento que fue la Exposición Ibero-Americana de Sevilla de 1929, llegue hasta nuestros días de una forma clara, e investigada desde todos los ángulos posibles, económico, social, político, periodístico, arquitectónico, etc. y su repercusión tanto el en entramado urbano como en la vida de la ciudad.

Por todo ello, partiendo de esta premisa, me puse a trabajar con ilusión, a fin de conseguir una visión lo mas sintetizada posible, por lo amplio y profundo de lo estudiado, pero no por ello menos veraz; dirigido a un sector, en el que yo me encuentro incluido, ávido de conocer aspectos importantes de la historia hispalense, y en especial sobre la Exposición, sin adjetivos, ni abreviaturas, como los sevillanos conocemos al Magno Certamen, de una forma amplia pero resumida por el número importante de publicaciones, artículos, conferencias, estudios académicos etc. que hasta la fecha han visto la luz, sin necesidad de tener que acudir a ellos.

Por lo cual mi labor, además de la de investigar en diferentes fuentes, ha sido la de recopilador de datos, ordenándolos cronológicamente, primando, como metodología para su confección, por orden de preferencia: hechos, datos y curiosidades; intentando que su lectura sea amena y el resultado convincente. Dirigido a un segmento de lectores no introducido en el ámbito académico, pero sí curioso por estos temas.

Quisiera por último puntualizar, que si una vez leído este torpe, pero ilusionado, trabajo quede siquiera el interés de profundizar más sobre el tema, para lo cual es imprescindible hacer acopio de las obras que se indican en la bibliografía y que son sin duda alguna fuentes en las que han de beber las futuras generaciones que quieran conocer con rigor lo que aconteció en esa etapa de la historia de la ciudad.


LA GESTACION DE UNA GRAN EMPRESA

En este apartado intento dar una visión global del porqué de la Exposición, antecedentes y motivos por los que cuajó esta idea y los acontecimientos que lo acompañaron.

Como bien dice Alberto Villar Movellán “en su origen las Exposiciones, como hecho romántico, surgieron de la base social; pesaban en ellas muchos mas las ideas que los medios para llevarlos a la práctica. Eran verdaderas gestas que se realizan con enormes dosis de entusiasmo”...” Y mas que romántica, quijotesca en el mejor sentido del epíteto: fue una extraordinaria locura para forzar la imperiosa cordura que significaba entrar en el siglo XX”.

La Exposición de 1929 es un hecho irrepetible, ya sea por las circunstancias que lo rodearon como por los avatares del propio Certamen. Por tal motivo habría que distinguir dos etapas. Una comprendida entre 1909 hasta 1925 y otra desde esa fecha hasta su culminación. Si bien habría que distinguir una tercera la “post-exposición” la cual no es mi intención tratar.

La primera de ellas, comprende el período que va desde el origen de la misma (1909), y sus antecedentes históricos hasta 1925; en el mismo se puede constatar la larga etapa de gestión municipal, con división de opiniones y continuos retrasos debido a la inestable situación tanto local, como nacional e internacional, así como por la falta de liquidez de los distintos Comités. Es la etapa de la Exposición Hispano-Americana al mando del Conde de Urbina.

En la segunda etapa cambia la denominación del Certamen por la de Ibero-Americana. Se inicia con la presidencia del Conde de Colombí, ya en este periodo el Gobierno Central asume con mas fuerza la dirección del mismo, tomándose ya decisiones permanentes: Emplazamiento definitivo, gestiones a nivel diplomático, así como una actividad constructiva sin precedente. Hay que destacar por su empeño en la conclusión de la Exposición a José Cruz Conde (1926-1930) por su apasionada personalidad convirtiéndose en la maquina que empujaría del resto.

He utilizado dos titulares de medios de comunicación, como homenaje a la prensa local por su decida participación y colaboración en los acontecimientos, quizás sin ella la Exposición podría haberse malogrado.


Un proyecto. POR SEVILLA Y PARA ESPAÑA. Exposición Hispano Americana en nuestra ciudad.

Con este título a toda plana y en portada de “EL CORREO DE ANDALUCÍA” de 26 de Junio de 1909, se inicia el largo proceso que después de dos décadas, y con no pocos esfuerzos, se convertiría en la plasmación material de una ILUSIÓN deseada y anhela por los sevillanos como fue LA EXPOSICIÓN IBERO-AMERICANA DE SEVILLA DE 1929.

Este titular resumía en pocas palabras, las pronunciadas por el Comandante D. LUIS RODRÍGUEZ CASO en los salones de la sede de la Capitanía General, con motivo de la entrega de un sable de honor, costeado por suscripción popular, como homenaje y reconocimiento al promotor de la Fiesta “España en Sevilla” celebrada del 22 de Abril al 3 de Mayo de 1908. Homenaje a este singular personaje, militar e industrial, por su perseverancia, imaginación y entusiasmo, que a pesar de la frialdad con que fueron recibidas sus palabras por las autoridades presentes, luchó con abnegación y ahínco por “una Exposición Internacional Hispano- Ultramarina, Exposición Internacional España en Sevilla o Exposición Internacional Hispano- Americana” fijando en principio como fecha de celebración dos años mas tarde.

El respaldo popular y de los medios de comunicación, sobre todo la prensa, no se hizo esperar, no en valde y según Narciso CIAURRIZ este convencimiento comenzó con motivo de la celebración de la “Exposición de Productos Sevillanos e Industrias Agrícolas, Vinícolas y Mineras” que permaneció abierta desde el 27 de Abril al 5 de Junio de 1905 y considerado como el más importante evento de estas características realizados hasta la fecha y que culminaría 3 años mas tarde con la celebración de la ya mencionada Fiesta “España en Sevilla” que supuso un rotundo éxito. Estos dos acontecimientos, en unión a los celebrados al final del siglo XIX, podemos considerarlos como los precursores de la futura Exposición Ibero-Americana.

La posibilidad de poder celebrar el Magno Certamen en Sevilla, fue el pretexto idóneo para despertar la conciencia de una ciudad aletargada en las vivencias de sus viejas glorias, carente de todo tipo de servicios y anclada en el pasado. Los ciudadanos en general y las fuerzas vivas, empresarios, partidos políticos, tertulias, en particular sabían de los beneficios que a la larga producían este tipo de acontecimientos, en especial la difusión de las nuevas corrientes arquitectónicas, los avances urbanísticos que se experimentan en las ciudades-sedes y en consecuencia el empuje producido en el desarrollo industrial de la zona, así como el intercambio comercial que se gesta en el seno de la misma.

Pero más concretamente, y en el caso de Sevilla, se esperaba con ilusión y como fin primordial el beneficio de la ciudad e incluso del país, a través de ésta. Con la fe ciega puesta en el sistema expositivo, nace esta idea como panacea del bien común, y definitivo respaldo para entrar en el siglo XX.

Un beneficio traducido en un intento solidario de todos los estamentos sociales para conseguir un progreso económico y cultural a semejanza de la edad de oro sevillana, que más adelante le será añadida también su vocación americanista. La consolidación del turismo como fuente de ingresos y acicate del lanzamiento de la ciudad que perduraría aún después del certamen. La necesidad urgente de una reforma urbana en profundidad, abriendo nuevos cauces de expansión a la ciudad, asfixiada por su estancamiento en el pasado, sin servicios públicos y carentes de soluciones, mejorando el deplorable aspecto en un corto plazo de tiempo.

Así mismo, y por inmaterial, no menos importante, el intento de defenderse de “la mala fama de Sevilla” en el resto de España, afín de erradicar la imagen tópica del folklorismo y la picaresca, lavando el honor local de las criticas generalizadas sobre la solo existencia en Sevilla de “cafés cantantes, tabernas y merenderos; jipíos flamencos, tangos y viejas ricas, gitanos y chulos, majas y matones”(1).

De todo lo anterior dio habida cuenta la prensa local, la cual censuró siempre el quietismo y la lentitud dominante de la ciudad, encauzando sus críticas en la mejora de la misma; convirtiéndose en portavoz y púlpito de las distintas tendencia, aplaudiendo o criticando a quien creía merecedor de las mismas, y sin ningún tipo de dudas fue la prensa local, la que izo precipitar los acontecimientos para alcanzar los objetivos de “reforma urbanística, fomento del turismo, recuperación del buen nombre de Sevilla, la creación de trabajo y riqueza mientras durasen las obras; y el inicio de una nueva etapa de esplendor que se esperaba obtener gracias a las nuevas energías y posibilidades materiales que la Exposición crearía”(2)

Desde que se hizo público el proyecto de la celebración de una Exposición Hispano- Ultramarina el 25 de Junio de 1909, fueron ocurrido una serie de acontecimientos que llenaron de desilusión y desánimos a los que tan fervientemente habían apoyado la celebración del Certamen; en un principio y a pesar de que el Gobierno prestó su apoyo, cuando se conoció el carácter hispano-americano, fue retirado alegando que la empresa pertenecía desde hacia un año a la Unión Ibero-Americana. Esta negativa tuvo una gran repercusión en la prensa, desde la cual se acusó al Gobierno de centralista y se realizaron protestas de todo tipo. Poco después una desgraciada campaña en el Rif y el desencadenamiento de los sucesos de la “Semana Trágica” en Barcelona acallaron el proyecto expositivo. A finales de 1909 parecía que nadie se acordaba del tema, por lo que cabe pensar que los compromisos contraídos tanto la prensa como la opinión pública y los políticos locales eran de dudosa autenticidad.


! ALERTA SEVILLANOS¡

Con este sugestivo título, Rodríguez Caso y sus contertulios, autodefinidos como “Comisión Iniciadora”, publicaron un suelto el 17 de Febrero de 1910, (EL LIBERAL Y EL CORREO DE ANDALUCÍA) en el que hacía pública la renuncia de la Unión Ibero-Americana a su proyecto, no oponiéndose a que en Bilbao se realizara una Exposición Anglo-Ibero- Americana. Asimismo daba cumplida cuenta del atropello sufrido al honor y a los intereses de Sevilla.

Nuevamente cambian los acontecimientos. Con la publicación del suelto antes mencionado; pero más que este extremo, es la presencia del nuevo Alcalde, el liberal Antonio Halcón, el que decide comprometer al Ayuntamiento con la Exposición; movilizando al pueblo en una gran manifestación ante Alfonso XIII de visita a la ciudad el 14 de Marzo de 1910, tras lo cual el Presidente del Gobierno José Canalejas dijo a un comisionado “el Rey se ha hecho muy sevillano”. De hecho Alfonso XIII visitó muy frecuentemente la ciudad, estando encariñada con ella, interesándose posteriormente por las obras de la Exposición influyendo en las tomas de decisión.

No obstante hubo de salvar la rivalidad bilbaína con encuentros, saldándose con la aceptación por Sevilla del traslado de la suya hasta 1914, al objeto de hacerla coincidir con al inauguración de la Corta de Tablada, sin embargo Bilbao no concedió nada a cambio, poco después tubo que renunciar a esta empresa por falta de medios. Este acuerdo con los bilbaínos, dio lugar a un bochornoso tira y afloja entre los políticos locales

A partir del 19 de Marzo de 1910 Sevilla contó con el permiso oficial y la promesa de una importante subvención estatal. Sin embargo aquí no terminan los problemas cuya envergadura pocos sospecharían en esas fechas.

Desde un principio el Certamen se politizó, zanjándose las rivalidades con un acuerdo entre los tres partidos políticos dominantes a la hora de nombrar los miembros del Comité Ejecutivo. A este respecto las criticas aparecidas en la prensa fueron muy duras; Vasseur Carrier lo advirtió así en “EL ULTIMO” del 15 de mayo de 1910.

“Deberán excluirse de la administración cuantas personas ostenten un cargo en el Gobierno, en el Estado o en el Municipio/.../ sobre todo aquí donde la política tiene generalmente el triste privilegio de ser sinónimo de trampa y mangoneo”


Y “EL CORREO DE ANDALUCÍA” decía así mismo:

“La Exposición nace acaparada por la política y con el sello del caciquismo”

La falta de liquidez del Comité ejecutivo supuso un gravísimo inconveniente, no adoptándose las soluciones precisas; asimismo el Ayuntamiento asumió importantes responsabilidades económicas, incluidas las de un posible déficit, sin que se estudiara la forma de hacer frente a los gastos, a fin de conseguir del Estado importantes ayudas económicas que invertiría en la ejecución de bellos y lujosos ensanches exteriores.

Superada ya las primeras dificultades, la Exposición empieza a caminar; hemos de tener en cuenta que las posibilidades económicas eran modestas, por lo que se exige un profundo estudio sobre los objetivos, sin olvidar el principio de que casco urbano y exposición van unidas.


LOS PRIMEROS PASOS

Con una subvención por parte del Gobierno de 3.000.000 de pts., pagaderas en décimas partes a partir de 1913, y cantidades aportadas por el municipio se inician las obras previa fijación del emplazamiento y proyectos iniciales, cuya convocatoria de concurso ganó Aníbal González el 26 de Septiembre de 1911.

Mientras tanto se iniciaron las primeras actuaciones urbanísticas en la ciudad: El nuevo Matadero, el ensanche del Barrio de Santa Cruz, la prolongación de la calle Júpiter, la demolición de los caños de Carmona y del ex-convento de San Pablo; Así como la reforma del Parque de Maria Luisa por J.N.N. Forestier.

Con la aprobación del Reglamento de la Exposición el 30 de Diciembre de 1912, se llegó a la conclusión que aún quedaba mucho por hacer, lo que produjo en primera instancia una serie de aplazamientos primero para 1915 después para 1916, debido a la ralentización sufridas por las obras en 1913 y el estallido de la 1ª Guerra Mundial en el verano de 1914.

El año 1914, se puede decir que es un año de inflexión sobre los acontecimientos expositivos, en él se produce la marcha del Alcalde Antonio Halcón (enero), el nombramiento del Conde de Urbina al frente del Comité, la apertura del Parque de Maria Luisa (Abril) y el estallido de la Guerra Europea. En este año el Gobierno Central autoriza al Ayuntamiento a emitir arbitrios especiales, con las lógicas protestas de los ciudadanos, al objeto de hacer frente a los gastos del Certamen y sus obras conexas. Permitiendo a la Corporación Municipal disponer de ingresos estables a fin de responder a las obligaciones contraídas.



Con estas medidas, durante los siguientes años se aprueban un gran número de iniciativas, La Plaza de España, la unión del Parque de Maria Luisa con el Prado de San Sebastián, el Aeródromo Militar de Tablada, la utilización de los Jardines de San Telmo, el Gran Hotel (Alfonso XIII), la alineación de gran número de calles, el monumento a Colón, el barrio León y la incorporación de terrenos de dominio público para el recinto del Certamen como el ensanche urbano.

Y los ojos de los sevillanos, ven como se inaugura el moderno Matadero (1915), la Plaza de América (1916), la plaza de toros Monumental en S. Bernardo (1918), el monumento a la Inmaculada Concepción (1918), la Base Aérea de Tablada (1920) y el nuevo edificio de Correos (1921).

Es la primera vez que Sevilla atrapa la atención del Gobierno, por que además de estas inauguraciones se produce una serie de acontecimientos culturales como: VII Congreso Nacional de Arquitectura (1917), Centenario del descubrimiento del Estrecho de Magallanes (1917), II Congreso de Historia y Geografía Hispano-Americana (1919-1920), el IV Centenario de la llegada de Juan Sebastián el Cano (1922) y otros.

Son también estos años, en los que España está sumida en desajustes políticos y gran agitación social como la huelga de 1914 preludio de la petición por parte de la Unión de Comerciantes, de la suspensión de las obras en marzo de 1917, así como el aplazamiento del Certamen primero para 1921 después para 1923 y posteriormente a 1924.

En noviembre de 1922, se produce el nombramiento como Comisario Regio del Conde de Colombí en sustitución del Conde de Urbina a raíz de la implantación de la Dictadura, finalizando lo que el denominó la etapa organizativa e iniciándose la ejecutiva encaminada a la inauguración en 1927.

Pero en realidad aún no se disponía de planes concretos, de adecuados presupuestos y existían dificultades en el proyecto de emplazamiento.


La época Colombí se ha de entender como un periodo de transición, lastrado, por un lado, en rasgos de tiempos anteriores, aún el certamen se consideraba de ámbito local, y por otro se fue transformando lentamente independizándose del Ayuntamiento, siendo el gobierno el que asume preponderancia en los órganos directivos.

Es importante señalar que en esta etapa todo el esfuerzo sevillano se concentra en un único fin: que llegue a celebrarse el Certamen en la fecha prevista por encima muchas veces de no alcanzar las metas fijadas años atrás.

Desde el inicio se produjeron aplazamientos, primero para 1915 y después para 1916, debido a las paralizaciones sufridas en las obras, en las que hubo momentos que casi cesó su actividad, a consecuencia del estallido de la 1ª Guerra Mundial en 1914.

Durante un amplio periodo de tiempo (desde 1911 a 1925), la dirección de los proyectos, y la ejecución de las obras de la Exposición, estaban encomendadas a un Comité Ejecutivo encabezado por el Alcalde y miembros destacados del mundo empresarial, industrial y político de la ciudad. Siendo la norma general de dicha etapa, la falta de fijación de proyectos definitivos y los continuos cambios de ubicación y aplazamientos.

El advenimiento de la Dictadura de Primo de Rivera en 1923 trajo consigo, pocos años más tarde, el intento de reivindicarse como gobierno regenerador de la economía del país, legitimándose ante el concierto internacional, para lo cual rescató dos viejos proyectos hasta entonces casi en letargo, como eran la Exposición Ibero-Americana de Sevilla y la Internacional de Barcelona, esta última mucho más antigua que la sevillana, que se había empezado a fraguar en 1905 y que tampoco había llegado a cuajar.

Esta etapa de la dictadura primoriverista es primordial para entender la idiosincrasia del Certamen, en la que se quiso dar el último impulso para su celebración, pero no se trabajó para que la Exposición fuera el hito histórico que impulsara definitivamente la economía de la ciudad.


Así, el Estado relegó al gobierno municipal en la toma de decisiones, y asumió la dirección de la Exposición, y con ello, poniendo en práctica las políticas gubernamentales promovidas por éste, cuya intención no era otra que la de proclamar el carácter fundamentalmente artístico y de hermanamiento con los pueblos americanos del Certamen sevillano, dejando las iniciativas tanto industriales como comerciales para la Exposición de Barcelona.

Esta política dio como resultado que esta ocasión, excepcional para el desarrollo de la ciudad, solo fuera propicia para la industria local, con una endeble participación del sector empresarial nacional, y prácticamente nula a nivel internacional.

La participación la Muestra de las grandes empresas nacionales, se debió más al compromiso adquirido como proveedoras de las obras realizadas dentro del recinto, e incluso a un deber patriótico, que al interés comercial que la Muestra despertaba por sí misma.

No se trabajó para que la Exposición fuera el hito histórico que lanzara definitivamente la economía de la ciudad, reservándose este fin la Exposición de Barcelona. Mientras duró el Certamen se convirtió en el acicate de las industrias tradicionales sevillanas, provocó una gran demanda de mano de obra, produciéndose un proceso de inmigración hacia la ciudad de familias que se instalaban en chozas en el extrarradio, con los consiguientes problemas sociales que poco después de la Exposición se produjeron.









- La Inauguración de la Exposición



Aspecto general de la Plaza de España con motivo del acto de la inauguración de la Exposición. (Archivo ABC)

Cuando aquella esplendorosa mañana primaveral, festividad de la Asunción, del 9 de mayo de 1929 abrieron las puertas de la Exposición Iberoamericana, para que miles de sevillanos y visitantes presenciaran la ceremonia de inaugural, fue la culminación de una ilusión hecha realidad, y como diría Luis Montoto en un artículo escrito sobre la inauguración, publicado en el diario La Nación de Buenos Aires, “La Exposición es la fantasía sevillana desbordada”.

Un largo camino de veinte años en los que los sevillanos habían mezclado esfuerzos, esperanzas, indiferencias dudas, obstáculos y pesimismos, pero que tras muchas trabas pasaba a ser de una aspiración a convertirse en una realidad, en la que emociones y alegrías envolvían a los que en la joya creada por Aníbal González, de la Plaza de España, asistían al acto de apertura del Magno Certamen.

En días previos a la inauguración, una reproducción de la carabela Santa María, fondeó en el puerto de Sevilla escoltada por una división de la Armada y una flotilla portuguesa. La nave quedó anclada en las proximidades del Pabellón de la Marina como exhibición de dicho pabellón.[1]

La ceremonia estuvo revestida de gran solemnidad y boato, fue presidida por los Reyes de España en compañía del Gobierno en pleno, Presidente de la Asamblea Nacional, Diputación Provincial, Ayuntamiento y representaciones diplomáticas de los países iberoamericanos participantes.

A ruegos del Alcalde, los comercios cerraron sus puertas a las diez de la mañana, para facilitar que el público pudiera trasladarse al recinto de la exposición, tomando posiciones tanto en la carrera que discurría desde el Alcázar hasta la Plaza de España, como en el Parque de María Luisa y alrededores. El acceso a las galerías altas de la Plaza de España fue de libre acceso.

Invitación para la asistencia al acto inaugural de la Exposición Iberoamericana. (Archivo del autor)

Proyecto de la Tribuna Regia que se instaló en la Plaza de España. (Archivo Municipal de Sevilla).

A requerimiento del Director de la Exposición Cruz Conde, las señoras asistentes vistieron la tradicional mantilla o el castizo mantón de Manila.[2]

Para seguir el programa y descripciones de este acto, hemos utilizado el artículo aparecido en distintos diarios locales de la época y publicaciones.[3]

Aspecto del gran peatón y galerías de la Plaza de España, llenas de público que presenció la inauguración del certamen. (Fuente internet)

La ceremonia como ya se ha dicho, se desarrolló en la Plaza de España, que había sido debidamente engalanada con tapices y colgaduras en los balcones y banderas de España, Portugal, Exposición (la cual se trata en su correspondiente capítulo) y de los países iberoamericanos en los mástiles que coronaban el semicírculo. En las Puertas de Aragón y Navarra, ondeaban las banderas de los Reyes Católicos y en las Torres Norte y Sur; en las torrecillas del cuerpo central del edificio las de la Exposición.

En el centro se había montado una tribuna cuyo respaldo estaba decorado con tapices de la Casa Real,[4] delante de la tribuna, se había levantado dos altos pebeteros que escondían tras una densa ornamentación floral tres potentes altavoces, así como otros seis se habían instalados en las alturas de los edificios para que el público pudiera oír tanto los discursos como las voces de los coros y la música cuando se interpretara el himno de la Exposición.

Frente a la tribuna y a los lados se dispusieron las fuerzas de los tres ejércitos, de seguridad, somatenes y una columna de desembarco de la Marina portuguesa con banderín.

Según lo previsto en el protocolo los primeros en hacer su entrada en el recinto fue la corporación municipal, quedando el pendón de la ciudad ubicado en el ángulo izquierdo; a continuación, los componentes de la Diputación provincial cuyos maceros junto a los municipales hacen escolta al pie de la escalinata.

Llegada de los reyes. (Revista Mundo Gráfico, 15 de mayo de 1929)

A las doce menos cuarto, hacen su entrada el Jefe del Gobierno con seis ministros y otros miembros del gabinete, acompañado por el Presidente de la Asamblea Nacional. Cinco minutos antes de la doce un toque de atención avisa de la llegada de los Reyes, cuya salida del Alcázar había sido anunciada con veintiuna salvas de la batería situada en el Prado de San Sebastián.

Preceden a los Reyes, miembros de la corte en landeaux, le siguen los clarines de la escolta real y en coche a la gran Dumont los Reyes D. Alfonso y Dña. Victoria Eugenia, llevando al estribo al caballerizo mayor Duque de la Unión de Cuba. Inmediatamente tras el coche de los Reyes, el Infante D. Carlos, guión de la escolta y miembros de Caballería de Alfonso XII, por último, un coche ocupado por la Infantas Dña. Beatriz y Dña. Cristina.

Una vez ocupadas las sillas del trono por los Reyes y los Infantes, así como sus respectivos lugares los miembros del gobierno y demás autoridades nacionales, locales y representaciones diplomáticas, se inició el acto, en primer lugar con la ceremonia religiosa.

A las doce horas, el Cardenal de Sevilla Eustaquio Illundain, revestido de pontifical acompañado por varios canónigos, se situó ante el altar erigido junto a la fuente central de la Plaza de España, procedió a realizar la breve ceremonia de bendición de la Exposición Iberoamericana.

Momento de la bendición de la Exposición por el Cardenal Illundain. (Archivo ABC)

Acto seguido tomó la palabra para pronunciar su discurso el Director de la Exposición Sr. Cruz Conde, en el cual reconoció los esfuerzos realizados por sus antecesores en la consecución de este fin, así como el interés y apoyo demostrados por el Rey y el gobierno y, el especial significado que para España tenía la presencia de veinte naciones americanas en Sevilla

Terminado éste con una gran ovación, hizo uso de la palabra el Jefe del Gobierno, el general Primo de Rivera, el cual elogió a las mujeres sevillanas a las Patria y a la Raza como vínculo de unión entre las naciones iberoamericanas. Ambos discursos estuvieron llenos de retórica y grandilocuencia, muy al estilo de la época.

Nuevamente una gran ovación se produjo al término de las palabras de éste. Después el Rey puesto de pié pronunció las palabras de rigor:

“Queda inaugurada la Exposición Ibero-Americana de Sevilla”

Produciéndose una atronadora ovación que se mezclaban con los acordes de la Marcha Real interpretadas por las bandas y las salvas de artillería.

A continuación, fue interpretado el himno de la Exposición por las Bandas de Sevilla y Madrid, siendo cantado por el tenor José García acompañado la Masa Coral Sevillana, el Orfeón donostiarra y la Coral bilbaína, compuesto por 350 voces, además de una rondalla con ochenta guitarras y bandurrias.


S.M. Alfonso XIII, en el momento de declarar inaugurada la Exposición Iberoamericana. (Ilustración de la revista Nuevo Mundo del 17 de mayo de 1929)

Aspecto de la plaza en el momento de ser inaugurada la Exposición por el rey Alfonso XIII. En el círculo el maestro Alonso dirigiendo las Bandas de Músicas de Madrid, Sevilla e Ingenieros y los Coros Vascos y la Masa Coral Sevillana. (Revista Mundo Gráfico, 15 de mayo de 1929)

Con el desfile de las tropas que habían tomado parte en el acto, así como varias escuadrillas de aviones procedentes de la Base Aérea de Tablada, finalizó el acto inaugural.

Terminada la ceremonia, regresaron al Alcázar los Reyes y toda la comitiva real, dispersándose por la plaza de España y el Parque de María Luisa gran parte del público que había asistido a la inauguración, donde almorzaron. Se estimó la asistencia en más de 100.000 personas entre los presentes en el recinto y recorrido de la comitiva regia.

Esa noche también fue inaugurado el Teatro de la Exposición con la comedia “El Vergonzoso en Palacio” de Tirso de Molina, y al día siguiente se celebró en el mismo teatro un gran concierto de gala a cargo del Orfeón vasco con 350 voces y una orquesta de 70 profesores a los que asistieron los Reyes.

Los Reyes prolongaron su estancia hasta el día 13 de dicho mes, visitando e inaugurando distintas instalaciones de la Exposición, sobre todo las ubicadas en la Plaza de España y América que estaban concluidas, no así otras que fueron terminadas en los meses siguientes.

El acto inaugural tuvo amplio eco en la prensa nacional e internacional, aunque algunos autores sospechan que el tratamiento dado en la internacional pudiera obedecer a una velada propaganda del Certamen. No obstante, se tiene constancia de la aparición de información en los periódicos como “The Times” y “la Nación” de Buenos Aires, así como en gran cantidad de rotativos de Cuba, Méjico y Argentina. Del mismo modo durante varias semanas, el nombre se Sevilla se prodigó en las primeras páginas de varios diarios europeos y americanos que habían enviado a corresponsales especiales para cubrir el evento.

Desfiles de las fuerzas participantes. (Archivo ABC)

En la prensa nacional, fue muy curioso el esfuerzo que realizó el diario ABC de Madrid (la edición de Sevilla se inauguraría meses más tarde) al poner a la venta una edición especial el día 10 con abundante información gráfica, utilizando para ello un servicio aéreo que llevó a Madrid la misma tarde el día 9 el material fotográfico tomado por Gregorio Corrochano de la ceremonia inaugural. Saliendo de la Base Aérea de Getafe, ese número extraordinario dedicado a la Exposición, a las siete de la mañana en un “junker” llegando a Sevilla dos horas más tarde, agotándose los ejemplares al poco tiempo de ponerlos a la venta, enviándose una nueva edición que también se vendió totalmente.

Envío por avión de la edición especial del diario ABC con motivo de la inauguración de la Exposición. (Ilustración revista Blanco y Negro)


NOTAS
[1] .- La flota estaba compuesta por los destructores españoles Velasco, Lazaga, Alseldo y Sánchez Barcaiztegui; el crucero Méndez Núñez y varios submarinos. La aportación portuguesa estuvo a cargo del crucero Vasco de Gama y tres contratorpederos.

[2] .- Archivo Municipal de Sevilla. Sección XVIII. Exposición Iberoamericana. Libro de Acta de la Comisión Permanente núm. 6. Sesión del 3 de mayo de 1929.

[3] .- La solemne ceremonia oficial, En El Liberal, de Sevilla. 10 de mayo de 1929.

Varios artículos de El Correo de Andalucía, de Sevilla, 20 de abril de 1929, p.2; 26 de abril p.1; 1, 2, 3, 4, 5, 7, 8, 9 y 10 de mayo de 1929.

Varios artículos de El Noticiero Sevillano, de Sevilla, 28 de abril, p. 8; 1, 3, 4, 7, 8, 9 y 10 de mayo de 1929.

Real Balbuena, F. La Exposición Iber-Americana. Origen y gestación de la magna empresa (serial). En ABC, de Sevilla. 6, 7, 10, 11, 12 de octubre de 1961, varias páginas.

Noticias de la Exposición Ibero-Americana. En Heraldo de Zamora, de Zamora. 7 de mayo de 1929, p.1.

La brillantísima inauguración de la Exposición de Sevilla. En Nuevo Mundo, 17 de mayo de 1929.

Inauguración de la Exposición Iberoamericana de Sevilla. En Revista de las Españas, mayo de 1929, núm. 33, pp. 157-159.

Pérez Guerra, A. Hace sesenta años que se inauguró la Exposición Iberoamericana de 1929. En ABC, de Sevilla. 7 de mayo de 1989, pp-19-21

Rodríguez Bernal, E. Historia de la Exposición Ibero-Americana de Sevilla de 1929. Sevilla, 1994. Edita Servicios de Publicaciones del Ayuntamiento de Sevilla, pp. 345-348.

Narbona, F. Sevilla y la Exposición de 1929. Sevilla, 1987, edita Obra Cultural del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Sevilla, pp. 31-32.

[4] .- El proyecto de la Tribuna Regia, fue aprobado por la Permanente en la sesión del 17 de mayo de 1929, teniendo un coste de 21.500 pts. su montaje, utilización y desmontaje. No obstante se aprobó la propuesta de la Jefatura de Obras, para que la tribuna fuera propiedad del Comité, cuyos gastos de desmontaje y transporte a uno de los almacenes de la Plaza de España sería de 37.000 pts.






- El himno, la bandera y el emblema de la Exposición.


La música como manifestación cultural, también estuvo presente en el Certamen Iberoamericano en distintas formas, entre ellas estuvo la de estar representada por un himno o canto que ensalzara los lazos de unión entre las naciones americanas y España, para ello, el Comité había proyectado la composición de un himno representativo de la Exposición, prestándole gran atención e interés, por sus connotaciones de gesta racial.



Portada del himno de la Exposición, pintado por Santiago Martínez, y partitura del mismo. (Fuente internet)

El 14 de marzo de 1925,[1] se pensó convocar un concurso público en el que pudieran participar todos los compositores iberoamericanos que quisieran. No obstante, ante el temor de que los autores y composiciones que se presentasen, no alcanzasen el nivel que se pretendía, se optó por encargar directamente a artistas de talla reconocida la composición del himno. Para ello, fueron elegidos los hermanos Joaquín y Serafín Álvarez Quintero para que confeccionara la letra y la partitura a cargo del compositor Francisco Alonso López;[2] con estos nombramientos se aseguraba así una alta calidad en la composición, a la vez que se le añadía una tendencia regionalista, con un carácter algo folklórico, en el que lo andaluz, se identificaba con lo español, que era lo que se quería reforzar en la Exposición, aunque se criticó que no fueran elegido compositores como el gaditano Manuel de Falla, o el sevillano Joaquín Turina, con esta designación, se aseguraba una composición graciosa, alegre, de fácil melodía y acento popular, propias de este autor.

La letra trata de una salutación a América y Portugal magnificando la gesta y la unidad entre la Madre Patria y sus hijos, los países americanos, a las carabelas colombinas y al Plus Ultra, que unos años antes había unido, en un vuelo histórico España con Argentina. Todo ello con claros y perfectamente identificables acordes musicales de marcado carácter español, teniendo como leitmotiv las sevillanas, que nos recuerdan obras de Albéniz y otras composiciones de música popular.[3]

A pesar de lo solemne del mismo, era de una musicalidad pegadiza incluso para el oído menos preparado, a pesar de ello no tuvo el existo esperado, quizás por falta de propaganda, como así se lamentó la prensa local, que ninguna de las banda y orquestas que actuaban en el recinto de la Exposición, interpretara el himno de la misma, “Defendiendo que la pieza debía ser interpretada diariamente, para que los sevillanos la conocieran, instaba a la Banda Municipal de Sevilla a que la incluyera en sus programas”,[4] muy al contrario que lo ocurrido con el de la Exposición valenciana, que debido a ser utilizado sus compases por la marca cinematográfica CIFESA, tuvo más respaldo popular.

El himno fue interpretado en el acto de inauguración, tras las palabras protocolarias del rey Alfonso XIII y el himno nacional, por las Bandas Municipales de Sevilla y Madrid, desplazada al efecto, así como una gran masa coral de los Coros Vascos, compuesto por la Coral de Vizcaya y el Orfeón Donostiarra[5] con 350 voces, y la Masa Coral Sevillana, además de una rondalla de ochenta guitarras y bandurrias, siendo interpretado el solo por el entonces famoso tenor, José García, bajo la dirección del compositor de la música el maestro Alonso, habiéndose instalado esta gran agrupación de voces y músicos en la espaciosa terraza del edificio central de la Plaza de España.

Coro
¡Salud, americanos,
del mundo juventud!
¡Salud, pueblos hermanos!
¡Salud, Salud!

¡Acudid, hijos de españoles,
a fundirnos en un crisol!
¡De mil cielos y de mil soles
hay que hacer un cielo y un sol!
¡Evoquemos los magnos hechos
de la vieja Madre inmortal,
y sintamos en nuestros pechos
el abrazo de Portugal!

Hoy se truecan las carabelas
En monstruos gigantes
que asustan al sol,
y los ecos de sus estelas
son cantos vibrantes
del mundo español.

Una voz
Damas que cruzáis el mar,
Para venir a realzar
A esta Sevilla de plata:
el pueblo os ha de entonar
su mas precioso cantar
y su mejor serenata.

La Giralda ha de encender
las estrellas una a una,
porque no dejéis de ver
la que alumbró vuestra cuna.

Coro
¡Salud, americanos,
del mundo juventud!
¡Salud, pueblos hermanos!
¡Salud, Salud!

Las bandas y la masa coral durante la interpretación del himno. (Fuente internet)

El maestro Alonso dirigiendo la interpretación del himno. (Ilustración revista Nuevo Mundo, 15 de mayo de 1929)


En el establecimiento Piazza Hermanos, situado en la plaza del Pacífico (actual de la Magdalena) especializado en la fabricación de pianos y pianolas, y a la venta de gramófonos y discos, se podía adquirir, además de la partitura del himno, los discos editados por las casas discográficas “La voz de su amo”, interpretado por el tenor Miguel Fleta; y por “Odeón”, cantado por Coelio Baldrich con la intervención de la Banda Municipal de Madrid y una gran masa coral y rondalla de guitarras y bandurrias, al precio de 17 y 15 pts., respectivamente.

Como curiosidad decir que, en la partitura, los autores de la mismas la habían dedicado: “A SEVILLA, la bien amada de los artistas, la de las redes invisibles; la hija de la Primavera y del Sol, cuyo río y cuyo cielo señalan las rutas de América”

Los Coros Vascos, desplazados a Sevilla para cantar el himno de la Exposición, en la puerta del Ayuntamiento donde fueron recibidos. (Ilustración Sevilla y la Exposición de 1929, de Francisco Narbona)

HIMNO DE LA EXPOSICION


                                       ___________________________________________



Otro de los símbolos identificativo de la Exposición, fue la bandera. Ante la imposibilidad de que figuraran todos los colores de las banderas de los países participantes en la bandera de la Exposición, se optó en 1927, ya que en ese año estaba prevista su inauguración, en aprobar la bandera y el escudo para las dos Exposiciones (Sevilla y Barcelona), consistente en la bandera española, sobre la que se situaba en el centro el escudo de España, flanqueado por los de Sevilla y Barcelona.
Bandera y escudo de las Exposiciones de Sevilla y Barcelona que fueron aprobada en 1927. (Ilustración Sevilla en tiempos de la Exposición Iberoamericana, de Nicolás Salas).

Como hubo que posponer la inauguración hasta 1929, en el mes de abril de dicho año, el Comité aprobó un nuevo proyecto de bandera, la cual figuraría en todos los actos oficiales, y que constaba de tres divisiones: La primera, más próxima al mástil, figuraría los colores nacionales en tres franjas iguales dispuestas en sentido vertical. La central, algo menor, que representaba a Portugal comprendía los colores de ese país, y el resto del rectángulo, en una medida proporcional a los espacios anteriores, estaba dedicada a América constituida por diez bandas horizontales alternativas en blanco y verde claro que representaban el Nuevo Mundo.

Para determinar esta última división representativa de América, se tuvo en cuenta las investigaciones que realizó el teniente de navío de la Armada, Julio Guillén Tato, que al realizar los estudios para confeccionar los planos de la carabela Santa María, “comprobó en diversos documentos y cuadros, que la bandera usada generalmente por los conquistadores al establecer los gobiernos coloniales, constaban de diez franjas de los colores, forma y disposición indicados”.[6]

En la parte central, del espacio dedicado a América de la bandera, se inscribía el escudo o emblema de la Exposición.

Durante el acto de la inauguración de la Exposición, la bandera de América (la bandera de las diez bandas horizontales bancas y verdes) se situó en la tribuna regia, junto a la de España, Portugal y el Pendón morado de Castilla, mientras en las torres y en el edificio central de la Plaza de España, ondeaban las banderas de la Exposición, de las naciones americanas y de los Reyes Católicos.
Reconstrucción de la bandera de la Exposición realizada por el autor.

La bandera de América (bandas blanca y verde) en la tribuna regia en el acto inaugural. (Fuente internet)

La bandera de la Exposición ondeando en uno de los mástiles instalados en la Plaza de España el día de la inauguración. (Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz. Fondos E. Guinea)

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Para el emblema o escudo oficial del certamen, en la misma sesión del mes de marzo de 1925, en que la Comisión Permanente acordó convocar un concurso para el himno, también lo hizo para la elección de un emblema representativo de la Exposición que se pudiera reproducir en las banderas, insignias, distintivos, etc., con un premio de mil pesetas, encargándole al Arquitecto General de la Exposición, presentara unas bases para dicho concurso.[7]

Días más tarde, el 20 de marzo, el arquitecto Aníbal González, presentó a la Comisión un proyecto de bases para la convocatoria de un concurso de emblema, quedando autorizado éste por la Permanente, para que junto al Presidente de la Sección de Bellas Artes del Ateneo de Sevilla, resolviera lo concerniente a este asunto.[8]

No se vuelve a tener noticias sobre este tema hasta tres años más tarde, cuando en la sesión del 10 de febrero de 1928,[9] la Comisión aprueba la propuesta del proyecto de Emblema de la Exposición presentado por el Vocal de la Permanente, Pedro Caravaca, diseñado por el pintor Santiago Martínez, acordándose adoptarlo para su reproducción en todas las formas necesaria con carácter oficial.

El diseño del emblema representaba a la Giralda sobre el globo terráqueo en el lugar geográfico que debía ocupar España, mostrando las siluetas de los continentes, con una carabela de fondo, el lema EXPOSICIÓN IBERO-AMERICANA, y la leyenda Sevilla 1929-1930.

Emblema Oficial de la Exposición. (Portada de la Guía Oficial de la Exposición).

El Comité de la Exposición concedió, mediante concurso, a la casa Guerrero, Pérez y Ortiz (Almacenes Abascal), la venta en exclusiva de las reproducción de emblemas oficiales de la Exposición.[10]

Estos emblemas o insignias que se vendían en pequeños kioscos repartidos por el recinto, reproducían el escudo oficial de la Exposición siendo confeccionados en distintos tipos de materiales, como los de metal para ser colocados en el ojal de la solapa de las chaquetas, o de papel como estampillas, con el dorso engomados para ser adheridos a sobre como etiquetas.




Emblemas oficiales en metal para la solapa y de cartón. (Fuente internet)

Esquela publicada en El Correo de Andalucía el 17 de mayo de 1929, p. 8.

NOTAS
[1] . Archivo Municipal de Sevilla. Sección XVIII. Exposición Iberoamericana. Libro de actas de la Comisión Permanente núm. 1. Sesión de fecha 14 de marzo de 1925.

[2] . El Himno oficial de la Exposición Ibero-Americana. En El Compostelano, de Santiago de Compostela, 24 de febrero de 1928, p.3.

[3] . La bandera de los Conquistadores es aceptada para la Exposición. En El Correo de Andalucía, de Sevilla. 14 de abril de 1929, p.1.

[4] . García López, O. Los conciertos en la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929-1930): Un acercamiento a través de la prensa. En Imagen, Escenografía y espectáculo en la Exposición Iberoamericana. 2018, Sevilla. Editorial Universidad de Sevilla, p. 159.

[5] . Narbona, F. Sevilla y la Exposición de 1929. 1987, Sevilla. Edita el Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Sevilla, p. 13.

[6] . La bandera de los Conquistadores es aceptada para la Exposición. En El Correo de Andalucía, de Sevilla. 14 de abril de 1929, p.1.

[7] . A.M.S. Secc. XVIII. E.I.A. Libro de actas de la Comisión Permanente núm. 1. Sesión de fecha 14 de marzo de 1925.

[8] . A.M.S. Secc. XVIII. E.I.A. Libro de actas de la Comisión Permanente núm. 1. Sesión de fecha 20 de marzo de 1925.

[9] . A.M.S. Secc. XVIII. E.I.A. Libro de actas de la Comisión Permanente núm. 4. Sesión de fecha 10 de febrero de 1928

[10] . A.M.S. Secc. XVIII. E.I.A. Libro de actas de la Comisión Permanente núm. 5. Sesión de fecha 28 de diciembre de 1928

































EL CONGRESO MARIANO HISPANO AMERICANO

 


Portada del Programa del Congreso Mariano Hispano Americano, pintado por Francisco Hohenleiter.

Durante la Exposición, se celebraron en Sevilla distintos actos, fiestas y congresos complementarios a esta, que fueron promovidos por el Gobierno a través de la Comisión Permanente de la Exposición, cediendo salones e instalaciones del recinto para el desarrollo de los mismos; otros sin embargo fueron planeados y ejecutados por instituciones y organismos ajenos a la organización, haciéndolos coincidir con ésta, para darle mayor realce.

Así durante el periodo del Certamen se celebraron en Sevilla varios Congresos y Asambleas como el Hispano Americano de Acción Católica de la Mujer, el de las Cámaras de Comercio, el de Agricultura Tropical y Subtropical del Café, el Internacional de Estudiantes Católicos, el Nacional del Comercio Español en Ultramar, el de Geografía e Historia, o la Asamblea Nacional de Diputaciones, entre otros.

Dentro de estas actividades destaca una de ellas por su carácter marcadamente propagandístico, nos referimos a los actos programados con motivo de la celebración del Congreso Mariano Hispano Americano, celebrado en Sevilla del 15 al 21 de mayo de 1929, y organizado por el Arzobispado hispalense.

Además de las sesiones del Congreso, las misas y actos litúrgicos que rodearon al mismo, se organizaron otros acontecimientos complementarios de carácter popular, como la Procesión Marina, la Cabalgata Histórica Mariana, la Exposición Mariana en el templo del Divino Salvador, o la representación escénica del Auto Sacramental de Calderón de la Barca, titulado “El Santo Rey Don Fernando”, entre otros.

Así mismo los días previos, 12, 13 y 14 de mayo, se celebró el Congreso Femenino Hispano Americano de Acción Católica, impulsado por el Cardenal Primado, Cardenal Segura, cuyas sesiones inaugural y de clausura se celebraron en el Salón de Actos de la Plaza de España, presididas por S.M. la reina Victoria Eugenia, y que había sido precedido por un triduo preparatorio, los mismos días, en distintos templos de la ciudad,[1] a las ocho de la tarde.

Esquela publicitaria del Congreso Mariano Hispano Americano publicado en El Correo de Andalucía del 3 de marzo de 1929

La preparación de este ambicioso proyecto congresual, se había iniciado dos años antes, en el mes de julio de 1927, cuando el Cardenal Arzobispo de Sevilla Eustaquio Ilundain Esteban, convocó la que sería la primera junta, para que se iniciaran los trabajos preliminares, formada por los más destacados miembros de la curia sevillana, y en cuya reunió expuso las ideas que, para el referido congreso había trasladado al Papa Pío XI, en su visita “Ad Limina Apostolorun” a Roma, y que había recibido el plácet del Santo Padre.

Para la redacción de este trabajo, nos hemos basado fundamentalmente en la extensa Crónica Oficial del Congreso Mariano Hispano-Americano de Sevilla 1929,[2] y en la información aparecida desde el inicio del año del Congreso en la prensa local, principalmente en El Correo de Andalucía.[3]

La Junta Organizadora local que se constituyó para hacer realidad este proyecto, estaba formada, además de algunos canónigos de la Catedral, por miembros de la aristocracia sevillana e intelectuales como Joaquín Hazañas y la Rúa, catedrático de la Universidad Literaria, como presidente de la Comisión de publicidad, propaganda e informaciones, y el arquitecto Aníbal González y Álvarez-Ossorio, como presidente de la Comisión de ornato y régimen de locales del Congreso.

Los trabajo por parte de la Junta Organizadora se prolongaron durante casi dos años, habiendo recibido en el mes de diciembre de 1927, la aprobación de la Junta Nacional de Congresos Marianos Internacionales, proclamándose públicamente, el 13 de marzo de 1928, la celebración del Congreso Mariano con motivo de la Exposición Iberoamericana, inaugurándose el 15 de mayo de 1929, con la celebración en la S.I. Catedral hispalense de una Misa Pontifical, celebrada por el cardenal de Diócesis de Sevilla Eustaquio Ilundain Esteban, que había sido nombrado por el Papa, Legado Pontificio.

Previamente a la celebración del Pontifical, a las nueve y media de la mañana, una comitiva presidida por el Legado Pontificio, cardenal Ilundain, junto al Nuncio de su Santidad, cardenal Federico Tedeschini y el cardenal Casanova, arzobispo de Granada, era seguida por el infante D. Carlos, en representación del rey, y el ministro de Justicia y Culto, Galo Ponte, en representación del gobierno, acompañados de lo más destacado de las autoridades eclesiásticas y representaciones locales, salieron del Palacio Arzobispal dirigiéndose a la Seo hispalense, cuyo recorrido era cubierto por fuerzas del Regimiento de Soria, bajo el repique de campanas de la Giralda, y todas las iglesias de Sevilla, y una salva de artillería apostada en el Prado de San Sebastián. Durante el desfile, una escuadrilla de aeroplanos, de la Base de Tablada, estuvo volando sobre la catedral y alrededor de la Giralda, donde ondeaba la bandera de la Inmaculada.[4]

Comitiva presidida por el cardenal Ilundaín, dirigiéndose a la Catedral para la apertura del Congreso Mariano. (Fototeca Municipal de Sevilla. Fondo Serrano)

Un gran gentío ocupó el recorrido de la amplia comitiva que, además de representantes de todas las órdenes y asociaciones religiosas, contó con la asistencia de veintiocho prelados españoles, ocho americanos y tres portugueses, y que hizo su entrada solemne por la puerta principal de la catedral.

La solemne Misa Pontifical, celebrada en el altar mayor, fue oficiada por el cardenal de Granada, revestido de azul del día de la Purísima, acompañada de la capilla de música de la catedral, reforzada con la Schola Cantorum de Jerez, que cantó la misa Pontifical de Perosi, a la que asistieron más de 2.000 personas. Terminada, la comitiva se dirigió al crucero de la Basícia, donde se había instalado un estrado, delante de la llamada puerta de la Concepción, dando comienzo la sesión inaugural con el nombramiento de las comisiones. El Secretario General del Congreso, leyó la carta del Pontífice nombrando al cardenal Ilundain, su Legado, pronunciándose a continuación los protocolarios discursos por parte del Alcalde de Sevilla, Nicolás Díaz Molero; del Obispo de Madrid-Alcalá, Leopoldo Eijo y Garay, y del Ministro de Justicia y Culto, Galo Ponte y Escartín. Seguidamente el cardenal Ilundain declaró solemnemente inaugurado el congreso, concluyendo el acto con el canto del himno mariano compuesto para el mismo, iniciándose a continuación el regreso al Palacio Arzobispal del cardenal Legado, los prelados, autoridades, comisiones, representaciones y personalidades que habían asistido a la inauguración, entre las tropas que cubrían la carrera y le rendían honores al cortejo.

A las cinco y media de la tarde de este día fue inaugurada en la Iglesia del Salvador la Exposición Mariana Diocesana, cuyo estudio se trata aparte; y a las ocho se celebró en la catedral, la Hora Santa Mariana, que fue predicada por el obispo de Tenerife y organizada por las Asociaciones y Cofradías Marianas de las Naciones representadas en este Congreso. Al término de la misma, tuvo lugar el baile de los seises de la catedral, finalizando con el himno del Congreso.

Las sesiones se habían sido divididas en nueve apartados,[5] que tuvieron lugar en diferentes sedes de la ciudad como la iglesia del Sagrario, Colegio de los Jesuitas, Seminario o la iglesia de la Magdalena, entre otros templos, llegando a inscribirse más de 15.000 congresistas.[6]

Durante los días, el 16, 17 y 18, se celebraron las distintas jornadas del Congreso, con sus correspondientes sesiones, que se iniciaban a las ocho, con comunión general. A las diez se reunían las secciones del congreso; y a las doce se impartía una conferencia en la iglesia del Sagrario a cargo de distintos oradores.

Así el jueves día 16 la conferencia fue impartida por el Obispo de Tarazona, Isidro Gomá. El viernes 17 tuvieron lugar tres intervenciones de conferenciantes, por la mañana el Canónigo de Cartagena, Antonio Fernández Nistal; a las seis de la tarde de este día, en la iglesia del Hospital de los Venerables Sacerdotes, la dio el Presbítero Luis Iñigo con proyecciones sobre las imágenes de la Santísima Virgen en las Catacumbas; y por la noche a las diez y media, en el Salón de los Luises, dio una magnifica disertación sobre las curaciones milagrosas de Lourdes el doctor Luis Noguer Molins, Médico director de las Hospitalidades de las peregrinaciones españolas a Lourdes. Y el sábado 18, a las doce dio la conferencia teológica el R. P. José María Bover, S. J.

Sesión de apertura del Congreso Mariano, en la nave central de la Catedral. (Mundo Gráfico, 29 de mayo de 1929 p. 21)

Todos los días a las ocho de la tarde, se celebraron la Hora Santa Mariana en el crucero de la Catedral, organizadas cada día por diferentes asociaciones marianas de laicos, a las que concurrían el Cardenal Legado y la mayoría de los Prelados que estaban en Sevilla, siendo la participación de congresistas y fieles muy elevaba, calculándose que en alguna de ellas se llegaron a contabilizar hasta doce mil personas. En ellas uno de los obispos participantes pronunciaba un sermón,[7] tras el cual interpretaban los seises sus bailes, para terminar con la Reserva del Santísimo, finalizando con el canto del Himno del Congreso.[8]

Por concesión del Cardenal Ilundain, se celebraron Congresillos especiales las Asociaciones del Inmaculado Corazón de María, en la Iglesia. Parroquial de Santa Cruz; y las de Ntra. Sra. de la Medalla Milagrosa, en la Iglesia de la Universidad.

El sábado día 18 de mayo, a las cinco y media de la tarde, tuvo lugar la solemne sesión de clausura en la S.I. Catedral, con la asistencia del cardenal Legado de su Santidad, los prelados asistentes al Congreso, el Nuncio Apostólico, las autoridades, comisiones concurrentes, y una muchedumbre de personas, llegándose a contabilizar más de 20.000, cantándose como broche final el bello himno del Congreso Mariano.

Al día siguiente, domingo 19, se celebró un solemne Pontifical, a las diez de la mañana, en la Catedral estando presidido por el cardenal Legado de su Santidad y arzobispo de Sevilla cardenal Ilundain, al final de la cual se dio a los fieles la Bendición Papal por especial concesión del Sumo Pontífice para este acto, terminando con un Te Deum, en acción de gracia por el restablecimiento del poder temporal del Pontífice con la firma del Tratado de Letrán.

Por la tarde tuvo lugar la procesión de las imágenes de la Virgen María, que en Sevilla recibían culto en el período del descubrimiento de América, con sus distintas advocaciones, algunas de las cuales fueron llevada a América, y que también será tratada en un estudio aparte.


Partitura del Himno del Congreso (Ilustración de la Crónica Oficial del Congreso Mariano Hispano Americano), y postal con la iluminación artística de la Giralda (postal de la época).

Todos los días del Congreso, hubo iluminación extraordinaria del Palacio Arzobispal, la Catedral y la Giralda, que presentaban un aspecto verdaderamente fantástico con la abundante iluminación eléctrica, por medio de potentes reflectores, que permitían observar hasta los más pequeños detalles, haciéndolos visibles a gran distancia.[9] La Giralda sobresalía por su belleza, elegancia y esbeltez, habiéndose iluminado espléndidamente otras fachadas de la ciudad, que propiciaba a una gran animación en las calles, con un ambiente de alegría. El proyecto de estas iluminaciones artísticas, se debieron al arquitecto Aníbal González, siendo costeada la de la Giralda por el Ayuntamiento.

Para ser interpretado en los distintos actos del Congreso Mariano, fue compuesto por el Maestro de Capilla de la Catedral Eduardo Torres, con letra del padre Restituto del Valle un himno ó canto a la Virgen María. Para ello a principios de octubre de 1928, el cardenal Ilundain, invitó a religiosos con dotes poéticas, para que presentaran composiciones que sirvieran de letra para la confección del himno del Congreso, siendo recibidas varias de ellas, entre las cuales la comisión encargada para ello, eligió en el mes de noviembre, la bella composición presentada por el R. P. Fr. Restituto del Valle, O. S. A. del Convento de El Escorial, cuya letra es la que sigue:

CORO

Salve, Madre, en la tierra de (tus) amores
te saludan los cantos que alza el amor.
Reina de nuestras almas, flor de las flores,
muestra aquí de tu gloria los resplandores;
que en el cielo tan sólo te aman mejor.

ESTROFA

Reina, aquí todo es tuyo; tu gloria y hermosura
bendicen hoy tus hijos en cántico triunfal.
El Sol de nuestro cielo con tu esplendor fulgura,
y aquí, Madre, las almas olvidan su amargura
para entonarte el himno del amor inmortal.

PLEGARIA

Virgen santa, Virgen pura,
vida, esperanza y dulzura
del alma que en ti confía;
Madre de Dios, Madre mía,
mientras mi vida alentare,
todo mi amor para ti;
mas si mi amor te olvidare,
Madre mía, Madre mía,
aunque mi amor te olvidare,
tú no te olvides de mí.

Una vez elegida la letra del himno, la partitura musical, le fue encargada al Maestro de Capilla de la Santa Iglesia, Catedral, Eduardo Torres Pérez que, con su valía y reconocida competencia musical, compuso la bella música que acompaña esta plegaria,

Como curiosidad podemos decir de este bello canto mariano, cuya letra original decía “Salve madre, en la tierra de tus amores”, fue cambiado posteriormente para decir, “en la tierra de mis amores”; ya que parecía excesivo y poco teológico atribuir a la Virgen una preferencia por una tierra concreta, Sevilla en este caso.

A esta polémica viva del "tus" y del "mis" hay que decir, que la letra original del padre Restituto del Valle decía "tus", pero ya en la partitura del sacerdote Eduardo Torres, publicada en las Actas del Congreso Mariano Hispano-Americano pone "mis", por lo que ambas versiones andan por ahí desde el origen de tan popular himno.

Este bellísimo canto a la Virgen María, que tanto se ha popularizado, es quizás el más bello tesoro de cuantos se expusieron pues, aunque los creyentes cuando lo cantan ignoren su procedencia, es la manifestación viva de aquel Congreso Mariano Hispano-Americano celebrado en Sevilla en 1929 al calor de la Exposición Iberoamericana.[10]

La Comisión Ejecutiva, fue la encargada de la composición de la medalla y del carnet de congresista, escogiendo para que figuran en el anverso de la primera, la imagen de Ntra. Sra. La Antigua, cuyo cuadro mural se venera en su capilla de la Seo hispalense, por su singular significado para los americanos, que tanto veneraba esta devotísima imagen los descubridores y colonizadores de América; colocando a los lados las dos salutaciones “Ave gratia plena” y “Tota pulchra”. Y para el reverso, la reproducción de la Giralda, con los jarrones de azucenas y la leyenda CONGRESO-MARIANO-HISPANO-AMERICANO-SEVILLA-MCMXXIX.

Esta insignia fue dibujada por el insigne arquitecto Aníbal González y Álvarez-Ossorio, siendo reproducida en el troquel por la casa de Francisco Bailarín, de Bilbao, alcanzado el importe de su confección y transporte 16.100 pts.




Medalla del Congreso Hispano-Americano de Sevilla de 1929.

Para el carnet la Comisión escogió un sencillo modelo que presentó el Secretario general, con el que daba derecho al “socio protector” a la entrada gratuita de la Exposición Mariana, y al pago de una peseta para visitar el Tesoro de la Catedral, y cincuenta céntimos para el Alcázar, y a la rebaja que concedía el gobierno para acceder a la Exposición Iberoamericana.

Reverso del carnet de congresista. (Ilustración de la Crónica Oficial del Congreso Mariano Hispano Americano).

Los siguientes días se celebraron una serie de actos complementarios al Congreso, así el lunes 20, a las once de la mañana, tuvo lugar en el teatro de la Exposición, la representación escénica del Auto Sacramental de Calderón de la Barca, titulado "El Santo Rey Don Fernando", con ilustraciones musicales del Maestro de Capilla de la Catedral Eduardo Torres, siendo interpretado por jóvenes de la aristocracia sevillana, estando organizado por el canónigo de la Catedral Antonio Mañes Jerez y dirigido por Vicente Carrión.

El teatro que había colgado el cartel de “no hay billetes”, se encontraba lleno de público que aplaudió calurosamente la representación del auto, magníficamente interpretado por los actores aficionados revestidos con un lujoso vestuario. Pertenece esta pieza literaria a la categoría de los llamados autos históricos escrito en verso, constando de cuatro actos o estancias en la que se glorifica la historia de la conquista de Sevilla realizada bajo la protección de la Virgen de los Reyes.

Debido a la gran demanda de los que no pudieron asistir a esta primera representación, el sábado 25 a las cinco de la tarde, y en el mismo teatro, se puso en escena la segunda representación, que con tanto éxito se había interpretado el lunes. Esta segunda representación se dio por indicación del cardenal Ilundain, con el deseo de que lo puedan admirar el mayor número de sevillanos y dedicado a los pobres, pudiendo colaborar con esta causa adquiriendo las localidades desde cinco a treinta pesetas; llegando a montarse una tercera representación, al día siguiente a las once y media de la mañana, en el teatro Cervantes, en este caso gratuita, para que los pobres pudieran presenciarla, interpretada por los mismos actores.

Estas tres representaciones del Auto Sacramental, tuvieron unos ingresos en taquilla de 16.702 pts., con una contrapartida de gastos de 13.219,20 pts.

Otro de los actos complementarios al Congreso que se celebró ese lunes 20 de mayo, a las seis de la tarde, fue la vistosa Cabalgata Histórica Mariana que recorrió las principales calles del centro de la ciudad, finalizando en la plaza del Triunfo, y que también se trata en un apartado a parte de este estudio.

Escena del Auto Sacramental de Calderón de la Barca "El Santo Rey Don Fernando" en el teatro de la Exposición. (Ilustración de la Crónica Oficial del Congreso Mariano Hispano Americano)

El martes 21, a las diez de la mañana, se celebró en la Santa Iglesia Catedral, y dentro de los actos complementarios, un solemne y piadoso homenaje, y a la vez sufragio, a los descubridores y colonizadores de América, con una Misa Pontifical, oficiando el Nuncio Apostólico en España, Federico Tedeschini, a la que asistió el infante D. Carlos y numerosos prelados. Terminada la misma pronunció el elogio fúnebre el Obispo de Ciudad Real, Prior de las Ordenes Militares, Narciso Esténaga. La música del Pontifical corrió a cargo del Maestro de Capilla de la Catedral Eduardo Torres, cantándose la Misa pontifical de Ntra. Sra. de los Remedios, compuesta por el referido Maestro de Capilla. Finalizado estos actos, se trasladaron todos los asistentes al monumento donde descansan las cenizas de Cristóbal Colón, que aparecía rodeado de blandones encendidos, y ante ella se cantó solemne Responso por el eterno descanso de las almas de los descubridores y colonizadores de América.

Para agasajar a los congresistas, ese mismo día por la tarde, se interpretó un concierto de órgano en la Sala de Espectáculos de las Galerías Extranjeras de la Exposición, organizado por la Casa Elizagaray y Cía., de Azpeitia, constructora de órganos y otros instrumentos musicales de este tipo. Para el concierto se utilizó el órgano destinado al Templo Nacional de Santa Teresa de Jesús de Madrid, con tres mil tubos, que había sido instalado en esta Sala. Previo al concierto pronunció una conferencia el padre Nemesio Otaño, siendo interpretadas las piezas por el organista de la Catedral Norberto Almandoz; el padre Otaño y el sr. Zubizarreta.

Primeramente el organista de la Catedral, Norberto Almandoz, ejecutó la sonata de Mendelsshon y un andantino de César Frank. Después el padre Otaño, conocido por sus producciones musicales por los coros, tocó el coro de peregrinos de Tanhauser de Wagner y una canción montañesa suya, para después realizar unas improvisaciones sobre motivos de una saeta y la Marcha Real.

Para finalizar, el sr. Zubizarreta se encargó de la segunda parte, cuyo programa lo componían una toccata y fuga de Bach; allegretto de Guilmant y final de Widor. Los tres músicos, que ejecutaron todas las piezas con gran maestría y delicadeza, fueron largamente aplaudidos.

Esa tarde el Nuncio Apostólico de Su Santidad monseñor Federico Tedeschini, arzobispo de Lepanto, visitó los pabellones de Portugal y Argentina.

En el apartado económico, los gastos del Congreso se elevaron a 257.040,62 pts., y se obtuvieron unos ingresos de 242.887,15 pts., de los cuales 177.215 correspondían de las cuotas de los congresistas, estando previsto saldar el déficit, 13.153,47 pts., con la venta del material eléctrico sobrante. La partida más importante de los gastos corrió a cargo de la impresión, encuadernación y distribución de los 9.500 ejemplares de la Crónica Oficial, que alcanzó la cifra de 56.600 pts.

El éxito del Congreso Mariano Hispano Americano celebrado en Sevilla fue manifiesto, llegando todo tipo de comunicaciones de adhesiones y felicitaciones desde todos los rincones del país y desde el extranjero, lo que produjo una corriente de opinión favorable en la ciudad, que dio lugar a que la Alcaldía tomara la iniciativa, y el 17 de julio de 1929 solicitara al Gobierno, la concesión del Collar de Isabel la Católica al cardenal Ilundain. A principios de octubre, tiene lugar la concesión de dicha distinción que le es impuesta por el infante D. Carlos, el 12 de octubre, Fiesta de la Raza, en la Capilla de la Antigua, junto al general Primo de Rivera que también le había sido concedida.

El cardenal Ilundaín y el general Primo de Rivera, tras serles impuesto el Collar de Isabel la Católica por el infante D. Carlos, en la capilla de la Virgen de la Antigua. (Fototeca Municipal de Sevilla. Fondo Serrano)

El Congreso Mariano tuvo un epílogo, pues si éste se había celebrado durante los primeros días del certamen iberoamericano, se pensó en organizar otro evento para los días previos a la clausura del mismo. Y así en el mes de marzo de 1930, el cardenal Ilundain convocó la celebración de la Asamblea Eucarística Regional de Andalucía del 15 al 18 de mayo de 1930, justo al año siguiente del Congreso, siendo llamadas a colaborar y asistir al mayor número de asociaciones eucarísticas de la Provincia Eclesiástica de Sevilla.[11]

La Asamblea, además de las correspondientes sesiones de estudio, también celebró distintos actos religiosos, siendo el más importante, la procesión magna con el Santísimo que procesionó el último día a las cinco y media de la tarde saliendo de la Seo hispalense, con el Santísimo Sacramento de la Eucaristía en la custodia de Arfe de la Catedral. La comitiva estaba formada en filas de cuatro en fondo, por colegios, juventudes y federaciones de estudiantes católicos, asociaciones eucarísticas; las Adoraciones Nocturnas; las Cofradías Sacramentales; nobleza, órdenes; el Seminario; el Clero secular y regular de Sevilla, prelados asistentes a la Asamblea, cuerpo consular, corporaciones oficiales y milicia; y el Cardenal Arzobispo, llegando a formar parte del cortejo 10.000 personas.

La procesión partió de la Puerta de Palos de la catedral, se dirigió por las calles Hernando Colón, plaza de la Constitución (S. Francisco), rodeó el Ayuntamiento, continuó por Cánovas, Gran Capitán, Primo de Rivera y Reina Mercedes (actual avd. de la Constitución); hasta la plaza de Ntra. Sr. de los Reyes (actual Jerez), San Fernando, Glorieta Juan de Austria, Glorieta del Cid y Plaza de España.

La comitiva estaba formada solo por hombres, las señoras se situaron en las tribunas que se habían instalado en las galerías de la Plaza de España. Una vez la procesión llegó al centro de la plaza, se procedió por el cardenal Ilundain a bendecir a todos los asistentes con Santísimo Sacramento, desde un altar colocado en el centro de la plaza, entonándose entonces cantos sagrados. Terminado el acto, fue realizada la reserva en el sagrario de la cercana parroquia de San Sebastián, disolviéndose los concentrados.

El Cardenal Ilundain en la procesión eucarística (fot. de Sánchez del Pando).


Folleto recuerdo del Congreso Mariano.


NOTAS
[1] . Los templos fueron los siguientes: Santa María Magdalena, San Vicente, El Sagrario, San Pedro, San Roque, San Lorenzo, San Bernardo, San Sebastián, PP. Jesuitas, Santo Ángel, San Alberto y San Buenaventura.
[2]. Crónica Oficial del Congreso Mariano Hispano-Americano de Sevilla 1929. (1930) Madrid. Imprenta Sáez Hermanos.
[3] . Distintos artículos aparecidos en El Correo de Andalucía, de Sevilla, desde el 3 de enero al 29 de mayo de 1929.
En enero los días, 3, 10 y 18. Febrero 2, 15 y 17. Marzo 3, 14, 17, 19, 20, 21, 22, 23 y 24. Abril 2, 4, 5, 6, 10, 11, 13, 14, 16, 18, 19, 20, 21, 23, 24, 26, 27 y 28. Mayo 2, 7, 8, 10, 11, 12, 14, 15, 16, 17, 18, 21, 23, 25 y 29.
[4] . La comitiva se compuso en primer término por los seminaristas, todas las órdenes religiosas, párrocos, la cruz patriarcal, capellanes reales, cabildo catedral, maestrantes de Sevilla y Zaragoza, órdenes militares, grandes de España y gentileshombres. A continuación, el Legado Pontificio, cardenal Illundain, a su derecha el cardenal Casanova y a su izquierda el Nuncio de su Santidad, le seguían los obispos y arzobispos de Vitoria, Lérida, Lugo, Málaga, Segorbe, Tenerife, Guadix, Pamplona, Salamanca, Astorga, Coria, Plasencia, Cádiz, Córdoba, Gerona, Barbastro, Madrid, Orihuela, Sigüenza, Tarazona, Almería, Tortosa, Tánger, Ciudad Real, Valladolid y Valencia. Los prelados portugueses de Beja, Leiría, y Évora, y los americanos de Callinico (Argentina), Antioquía-Jericó, Nueva Pamplona y Pasto (Colombia), La Paz y Tarija (Bolivia), La Serena y Temuco (Chile). Hoy ha comenzado en Sevilla el Congreso Mariano Hispano-americano. El Siglo Futuro, de Madrid, 15 de mayo de 199, p. 1.
[5] . Las secciones y sus sedes fueron:
1ª Teología y Exégesis Mariana, Iglesia del Sagrario de la Catedral.
2ª Culto Mariano, Colegio de Jesuitas.
3ª Devociones Marianas, Palacio Arzobispal, Salón bajo.
4ª Arqueología e Historia, Iglesia de la Casa de los Venerables.
5ª Artes Marianas, Seminario: Salón de actos.
6ª Bibliografía y Prensa, Seminario: Salón de actos.
7ª Juventudes Marianas Masculinas, Salón de los Congregantes de San Luis, Calle Trajano.
8ª Juventudes Marianas Femeninas e Hijas de María, Iglesia de Santa María Magdalena.
9º Congregaciones y Hermandades Marianas, Iglesia de San Isidoro.
Además de estas secciones, también se reunieron en congresillos para tratar asuntos propios de las Asociaciones Marianas las siguientes secciones:
I.- Juventudes Marianas Masculinas.
II.- Juventudes Marianas Femeninas e Hijas de María.
III.- Congregaciones y Hermandades Marianas.
[6] . Hoy ha comenzado en Sevilla el Congreso Mariano Hispano-americano. El Siglo Futuro, de Madrid, 15 de mayo de 199, p. 1.
[7] . El orden de participación de las cuatro Horas Santas Marianas fue el siguiente: El día 15, el Obispo de Tenerife Fray Albino González Méndez-Reigada. El 16, el Obispo de Tortosa, Félix Bilbao y Ugarriza. El 17, el Obispo de Lérida, Manuel Irurita Almandoz, y el 18, el Obispo de La Paz (Bolivia) Augusto Sieffert, este día debido a lo avanzada de la hora en que se terminó la solemne Sesión de Clausura del Congreso la Hora Santa tuvo lugar las diez de la noche.
[8] . En la Hora Santa Mariana del día 17, los niños de la Capilla Imperial de Viena cantaron el “Ave verum” de Mozart.
[9] . La iluminación de la Giralda estaba constituida por 112 potentes reflectores eléctricos con una potencia total de 100.000 bujías, y la fachada de la Catedral de 32 reflectores con un total de 50.000 bujias, con un coste de 1.000 pts., cada noche.
[10] . Una frase premonitoria a este respecto fue la que escribió Leocadio Hernández Ascunce, Maestro de Capilla de Burgos, en su artículo El himno del Congreso Mariano de Sevilla, publicado en El Correo de Andalucía del 5 de abril de 1929, p.1, que decía “No es este un Himno escrito solamente para Sevilla. Es el Himno que por su belleza, sonoridad y grandeza entonaran España y América durante muchos años en honor a nuestra Reina Inmaculada”
[11]. La Provincia Eclesiástica de Sevilla, es una de las catorce que componen la Provincia Eclesiástica de España, y se compone de la archidiócesis de Sevilla, y sus seis diócesis sufragáneas: Cádiz y Ceuta, Córdoba, Huelva, Canarias, Asidonia-Jerez y Tenerife.