24.- Galerías Comerciales Extranjeras


Vista de las naves que componían las Galerías Comerciales Extranjeras en la avenida de la Raza. (postal de la época)
En el apartado correspondiente a los almacenes del Puerto de Sevilla, se ha tratado la génesis de las llamadas Galerías Americanas como espacio donde situar las representaciones de los países americanos, que por cualquier motivo no pudieran construir sus pabellones nacionales. 

La edificación construida para albergar las llamadas Galerías Comerciales Extranjeras, era idéntica en construcción y superficie al contiguo Pabellón de Industrias Generales, que ya se tratado con anterioridad, y que resumimos para hacernos una idea global sobre ella. 

Una serie de naves adosadas (ocho en total) de 55 x 140 m. y una superficie construida de 7.700 m2, compuesta por estructura portante de hormigón, envuelta por muros de ladrillos visto con decoración de cerámica. Las cubiertas formadas por placas de uralita a dos aguas con lucernarios longitudinales, y en los extremos se instalaron frontales donde era más profusa su decoración, con pináculos de ladrillo tallado y escudos en piedra artificial 
Vista del interior de las Galerías Comerciales Extranjeras, en la actualidad, en concreto una de las naves de los extremos, que eran las que estaban rodeadas por una galería de cubierta plana.
Según el Reglamento General de la Exposición, el interior de estas galerías se dividía en seis Salas Generales de 675 m2 (15 x 45 m.), que a modo de calles, se distribuían de forma perpendicular al eje mayor de las Galerías, compuestas cada una de estas calles por 22 stands de 12 m2 (3 x 4 m.), y un espacio central para expositores sin compartimentar. Además de estas Salas Generales, en un extremo, se situó una zona de “tiendas o departamentos aislados” de 7,50 m2 (2,5 x 3m.) cada uno, constituida por una calle central y dos grupos de 30 stands, a cada lado.[1]

Por el derecho de inscripción de estos últimos tenían que abonar los solicitantes 50 pts., y por los stands de la Sala General, 25 pts. Más un alquiler de 100 pts/m2 para los stands, y una cantidad fija de 1.125 pts., por cada departamento aislado.[2]

No obstante, nada de esta compartimentación se llevó a efecto, suponemos que debido a la escasa demanda de expositores extranjeros, por lo que la concesión de espacios que se realizó, fue de forma gratuita. 
Plano esquemático con la situación y distribución interior que tuvo originalmente las Galerías Comerciales Extranjeras, según el Reglamento General de la Exposición Iberoamericana. (Archivo Municipal de Sevilla)
Las dificultades encontradas para logar la participación de los países americanos fueron grandes, si bien algunos mostraron gran interés desde el primer momento, la mayoría dilataban la toma de decisión en comprometer su concurrencia, solicitando información. 

Gracias al despliegue diplomático llevado a cabo desde las distintas embajadas, así como a la influyente colonia española residente en estos países, dado que alguno de los cuales solo llevaban algunas décadas de independencia, y la presencia de industriales procedentes de la metrópolis aún era importante, se fueron consiguiendo adhesiones de los diferentes gobiernos americanos. 

No obstante, hubo de salvarse no pocos escollos, como la reticencia de algunas de la repúblicas, debido a la participación de los Estados Unidos, que con su política colonizadora, habían visto afectadas sus industrias, y sus haciendas controladas por los norteamericanos, además de ello, las secuelas dejadas en Centroamérica los terremotos de 1927. 

A todo ello habría que sumar la inestabilidad política y las guerras civiles que se habían desencadenado en alguna de las repúblicas, que hicieron que muchas de ellas, a pesar de expresar sus buenas intenciones en participar en la Muestra, al final tuvieron que desechar la idea. 

Los países centroamericanos de Honduras, Nicaragua y Costa Rica, de cuya gestión se había encargado el representante español en Guatemala, se hacía impensable su participación ni tan siquiera en las Galerías,[3] debido a la mala situación de sus Haciendas Públicas, salvándose solo Costa Rica que si bien en 1927, excusó su asistencia por motivos económicos, el ambiente era propicio y las gestiones diplomáticas españolas, unidas a la predisposición favorable del gobierno costarricense, hizo que solicitara un local en las Galerías Americanas, que le fue concedido por la Comisión Permanente el 9 de noviembre de 1928,[4] que no aceptó hasta marzo de 1929, y del que desconocemos su contenido, no recibiendo ningún diploma, lo que demostraría lo exigua de su representación. 

Respecto a las primeras, Nicaragua ni siquiera contestó a la primera invitación formulada por el gobierno español en 1913, y aunque en 1926, empieza a dar los primeros pasos para concurrir,[5] la situación en que vivía, inmersa en una guerra civil como consecuencia del levantamiento de Augusto Sandino, estando ocupada por las tropas norteamericanas en apoyo al partido conservador, hicieron inviable su concurrencia. Y Honduras que había aceptado la invitación en 1913, e incluso en 1927, había comprometido su asistencia, debido a la grave situación política y a la guerra civil que padecía, tuvo que desistir en el empeño.[6]

Situación muy similar a la de Honduras, fue la de Filipinas, cuyo gobierno a principios de 1928 tenía confirmada su participación, pero la inestabilidad del país, con una fuerte represión y presencia estadounidense, impidió su concurrencia.[7]

Otro país que había aceptado participar, aunque con disensiones dentro del mismo gobierno, era el de Puerto Rico que, como estado libre asociado a Estado Unidos, se vio envuelto en la polémica de participar, empujada por la amplia colonia española en la isla, frente a la oposición de altos cargos del ejecutivo, como el Gobernador, que deseaban que sus productos no se expusieran de forma independiente (debido a su estatus de estado asociado) sino dentro de pabellón de los Estados Unidos. A pesar de nombrar un agente encargado de su representación, y tener votado un crédito para su concurrencia, no se contempló la idea de que su concurrencia fuera de forma independiente.[8]

Otro conflicto, en este caso el del Chaco entre dos países hispanoamericanos, por problemas de fronteras, impidió la participación de Paraguay en la muestra, y que la de Bolivia se redujera a un espacio en las Galerías Comerciales Extranjeras. A pesar de los intentos de mediación diplomática desplegados para evitar este conflicto entre naciones “hermanas”, mediante acuerdos de paz que resultaran satisfactorios para ambas partes, en el que España ofreció su cooperación como país mediador, el enfrentamiento fue inevitable, truncado toda posibilidad de acuerdo. 

La participación de Paraguay en la exposición fue en crescendo, al principio en 1924, mostró interés en concurrir, pero vinculaba su presencia a los importantes inconvenientes económicos y político que tenía; más adelante, nombra una comisión encargada de la organización de la representación, pero en junio de 1926, ante la falta de respuesta de empresas paraguayas interesadas en mostrar sus productos en las citadas galerías, se propuso la posibilidad de estar representado mediante la construcción de unas instalaciones propias de carácter oficial. Para ello, más tarde ya en diciembre de 1927, se elaboró un proyecto de pabellón inspirado en las antiguas misiones jesuíticas, y la Comisión Pro-Exposición de esta república, decide realizar un pabellón provisional a base de maderas del país.[9] Pero al final este país debido al conflicto fronterizo, se vio imposibilitado en realizarlo, abandonado el proyecto, no figurando en la Exposición. 

La decisión de la participación boliviana en el certamen iberoamericano, aunque más tardía, era de mayor envergadura, habiendo reservado todos sus esfuerzos para tener una brillante representación en Sevilla, dejando de comparecer en la Exposición de Chicago. Solicitaron una parcela de 1.000 m2 que fue ampliada hasta los 1.500 m2, en el Paseo de las Delicias, el lugar que más tarde ocuparían los pabellones de Venezuela y Guatemala, al dejarlo libre. 

Se presentaron dos proyectos para el pabellón, uno de ellos por el joven arquitecto boliviano José Manuel de Villavicencio Linares, y otro por Gustavo Sanjinés, en colaboración con el artista Cecilio Guzmán para la decoración, ambos edificio en estilo Tiahuanaco, siendo concedido un crédito de 200.000 pesos que llegó hasta los 500.000 pesos.

Pero el conflicto del Chaco, obligó a arrinconar este proyecto, aunque se retomó en alguna ocasión reduciéndolo de tamaño, al final Bolivia solicitó un local de 300 m2 en las Galerías Comerciales Extranjeras. Su presencia, debió de ser muy irrelevante, no recibiendo ningún premio, desconociéndose los productos y empresas que tomaron parte en la exhibición.[10]

Proyectos en estilo Tiahuanaco del Pabellón de Bolivia, arriba el diseñado por José Manuel Villavicencio. Abajo diseño de de Gustavo Sanjinés y Cecilio Guzmán.

Por lo interesante del diseño del proyecto de éste pabellón boliviano, en un capítulo aparte se desarrollará con mayor detalle todos los pormenores de este edificio que no llegó a construirse. 

Las Repúblicas cuyas instalaciones ocuparon locales en las Galerías Extranjeras, fueron las de Bolivia, Panamá, El Salvador, Ecuador y Costa Rica, cuyos espacios les fueron ofrecidos de forma gratuita por la organización del Certamen, siendo las representaciones de Panamá y El Salvador las más destacadas. 

Tres de los países que tuvieron que instalar sus representaciones en las Galerías tenían previsto la construcción de pabellones propios, uno de ellos como ya hemos visto fue Bolivia, los otros dos eran Ecuador y El Salvador. 

En el caso de Ecuador, que había sido invitado en 1925, no intervinieron motivos económicos o políticos, sino el temor de que no participaran suficiente número de empresas ecuatorianas en el mismo, por lo que fue dilatando la decisión de la forma de concurrir; primero con un pequeño pabellón permanente sencillo y económico, solicitando para ello un presupuesto a la organizadora, para pasar más tarde a uno provisional y no es hasta el mes de octubre o noviembre de 1929, que decide definitivamente hacerlo en las Galerías Americanas.[11]

No poseemos ningún dato sobre los contenidos de la muestra, ni la superficie de la parcela que ocupó en las Galerías, donde curiosamente en la Guía Oficial de la Exposición,[12] aparece juntas esta representación con la de Guatemala, por lo que deducimos que su presencia debió ser muy insignificante, no recibiendo ningún diploma o recompensa. 

El tercer país que tenía previsto construir un edificio propio, pero que al final ocupó uno espacio en estas Galerías, fue la República de El Salvador, que en 1925 ya había prometido su asistencia a la muestra iberoamericana con un pabellón y un cafetal. Pero como el resto de las repúblicas de la zona, las dificultades económicas y políticas, obligan a desestimas este proyecto y a estar presente en las Galerías Americanas, para lo que solicita el 14 de diciembre de 1928,[13] 135 m2 en ellas, que son cedidas de forma gratuita como al resto de países. 

En el stand que formaba el vestíbulo de entrada, se habían instalado los productos agrícolas, sobre todo el café, su principal fuente de riqueza, en él se mostraban distintos tipos y marcas de este producto tan demandado en el mercado mundial. En el centro de este espacio, se había colocado una estatua en bronce de gran tamaño que representaba al caique Atlacatl, caudillo indígena héroe de la lucha contra la conquista. Al fondo del vestíbulo, se encontraba un pequeño stand con otro de sus productos principales como era el azúcar. 
Entrada del stand de El Salvador, con muestras de café y la estatua del cacique Atlacatl. (Ilustración El avance de la provincia de Sevilla…)
A la izquierda se instaló un gran salón donde se exhibían otros productos como el llamado bálsamo de Perú, el añil y colecciones de objetos realizados con fibras vegetales como, el algodón, henequén, palma, junco, tecomasuche y mimbre, que manufacturados se convierten en lámpara, sombreros, cestas, muebles, cortinas, etc. 

En este salón también instalaron en vitrinas distintos productos industriales del país como cigarrillos, manufacturas realizadas en carey, cuero, calzados, carteras, muebles y artículos de piel de cocodrilo. Trabajos de artesanía bordados a manos sobre distintos tejidos en seda, lino y lana; y a máquina realizados por Carmen Alemán. Confecciones de pieles y flores y frutos de cera y papel. Bebidas propias y dos artísticas estolas con las banderas de Ecuador y el Salvador.[14]
Salón del stand de El Salvador, con exposición de diferente productos de aquel país, como tejidos y diferentes objetos elaborados con pieles, etc. (Ilustración El avance de la provincia de Sevilla…)
El aspecto cultural, estaba representado por un gran surtido de obras literarías, científicas y didácticas, así como obras de artistas de autores salvadoreños como Ortiz de Villacorta y tapices mayas de Salarrue.[15]

Las instalaciones de las repúblicas de El Salvador y Panamá, eran contiguas, lindando su parte posterior con el espacio destinado al II Salón de Aeronáutica. 

En el caso de la representación de panameña las decisiones fueran más realista, comprometiendo su asistencia en enero de 1926, en marzo nombra una Comisión encargada de la representación, decidiendo participar en las Galerías Americanas, ocupando una parcela de 200 m2, no proyectando hacerlo con pabellón propio en ningún momento.[16]

La exhibición quiso mostrar los avances conseguidos en los veintisiete años de independencia de la metrópolis, con muestras de ricas maderas y otros productos naturales como el café, el tabaco y el azúcar, sin que tuviera cabida exposición de producción artística. 
Sala de la derecha del stand de Panamá, donde se aprecia el gran mapa en relieve. (Ilustración El avance de la provincia de Sevilla…)
El stand estaba cerrado por una alta mampara realizada con tableros de caoba del país, unidos por altas columnas de “chonta”, una especie de bambú panameño, donde se habían colgado ampliaciones de las escuelas de agricultura, minería, etc. 

A la entrada existían dos tallas, un bananero, del que es gran exportador, y la palma del coco apto para mil aplicaciones, y que son dos de las principales riquezas del país. Coronando éstas se encontraba el escudo de la República de Panamá realizado con 17 diferentes tipos de maderas, que sería entregado a la legación panameña en Madrid al clausurarse la Exposición.[17] Dentro de esta demostración de la riqueza maderera del país, llamó poderosamente la atención muestras como el “nazareno” por su color morado, el “cocobolo” por su dureza, el “guacayán” y el “níspero” por su característica frutas, entre otros muchos. 

A la derecha de las instalaciones, se ubicó un gran mapa en relieve del país de 5 m. de largo por 3 de ancho, con indicación de las líneas de navegación, faros, los distintos accidentes geográficos e instalaciones educativas y de comunicaciones, destacando en él el Canal de Panamá. 

Y a la izquierda se ubicaron gran cantidad de vitrinas con muestras de café, azúcar, plantas medicinales, tabaco, resinas gomosas de donde se extraía el chicle para los EE.UU., así como muestras de minerales como el cuarzo, cobre, plomo, plata, etc. En este lado también se mostraba un maniquí femenino con la pollera, indumentaria típica panameña, adornado con todos los complementos propios de este traje, collares, pendientes y adornos de cabeza. Junto a éste un gran escudo de España, en granito y bronce, de la Cámara Española de Comercio de Ultramar de Panamá, realizado por hermanos Noriega. 
Salón izquierdo con muestras de productos panameños como el azúcar, café y maderas, el escudo de España y maniquí con la indumentaria femenina típica, la pollera. (Ilustración El avance de la provincia de Sevilla…)
También hubo espacio para mostrar los artículos artesanales fabricados por los indios, como objetos de alfarería, collares realizados con dientes y huesos de animales o de caracolas, tallas en madera de sus ídolos. Así mismo también se exhibían productos manufacturados por la industria panameña dispuestos para su exportación, como licores, perfumes, velas, labores de tabaco, hamacas y un largo etc. 

Llamó la atención las copias de las Actas de Independencia de 1821 y 1903, y en sus paredes colgaban cuadros y gráficos demostrativos de natalidad y mortandad, higiene, servicios de correos entre otros. Con motivo de su participación en la Exposición, la Comisaría de dicho país, editó un libro propagandístico que era repartido entre los visitantes.[18]

Como ya se ha indicado anteriormente, en la Guía Oficial de la Exposición,[19] aparecen juntas las representaciones ecuatoriana y guatemalteca. La participación de esta última comienza cuando el 2 de Noviembre de 1926, el Ministro de España para los Estados Centro Americanos contesta al Gobierno Español en los siguientes términos “Guatemala participará en la forma más modesta y menos onerosa”. Pero no es hasta dos años más tarde, en 1928, cuando el Presidencia de la República designa a D. Manuel Herrera y Herrera, Cónsul en Sevilla, como delegado de la representación de Guatemala, y a comienzos de 1929, el gobierno del citado país da su conformidad al ofrecimiento de una parcela de 150 m2, hecho por el Comité de la Exposición, en las Galerías Americanas, de forma gratuita. Dicho “stand” se situaría entre los ocupados por Ecuador y Panamá. 

Al parecer, esta dilación en la toma de decisiones se debió a que, los empresarios cafeteros del país, no estuvieron interesados en mostrar sus productos en la Exposición, por lo que el gobierno tuvo que afrontar en solitario los gastos de la representación.[20]

En el mes de Febrero de 1929, el Ministro de Fomento del país centro-americano, consigue una asignación de 32.000 dólares para la participación de Guatemala en el Certamen sevillano, inmediatamente comunica este hecho vía telegráfica el 1 de Marzo mostrando su interés en participar con un pabellón permanente. Cruz Conde comunica al Ministro Plenipotenciario de Guatemala en España su alegría y le informa que la Dirección Técnica del Comité había elaborado un proyecto de pabellón en mayo de 1926, siendo levantado el pabellón guatemalteco por delegación del gobierno de aquel país, que es inaugurado el 31 de octubre de 1929. Por lo cual desde la inauguración del Certamen hasta el traslado del los objetos que se expusieron en el stand hasta el pabellón, la representación de Guatemala ocupó un espacio dentro de las Galerías Comerciales Extranjeras. 

Toda la información referente al pabellón guatemalteco, se trata pormenorizadamente en el apartado correspondiente a los “Pabellones Internacionales” 

Además de las instalaciones que ocuparon en estas galerías las repúblicas de Bolivia, Panamá, El Salvador, Ecuador y Costa Rica, en otras dependencias se alojaron fuerzas de policía y vigilancia también se instalaron servicios de correos y telégrafos, y una Sala de Espectáculos, así como varias industrias de Méjico, Argentina y otros países iberoamericanos que no habían podido conseguir espacio en sus pabellones oficiales. 

Sobre estas industrias americanas, tenemos poca información, solo sabemos que la Casa Casimiro Gómez e hijos, de Argentina, le fue concedido el Gran Premio por el Jurado de la Muestra,[21] y que era un referente en el sector de la talabartería, agricultura, ganadería y avicultura en aquel tiempo; y aunque su propietario era gallego de nacimiento, hizo su fortuna en aquel país. 

La empresa de importación y exportación José Ochoa y Hermano, de San Juan de Puerto Rico, tuvo un stand de 12,5 m2 en estas Galerías Extranjeras, donde expusieron sus manufacturas del azúcar.[22] Los propietarios de esta empresa eran los hermanos, José y Víctor Ochoa Pérez, nacidos en Asturias, pero como Casimiro Gómez emigraron a América y allí hicieron fortuna; aunque ya no formaba parte de esta empresa, hubo un tercer hermano, Severiano, que fue padre de Severiano Ochoa Albornoz, nuestro Premio Nóvel.[23]

A R. Rodríguez y José Dacen, de Buenos Aires, les fue concedida una superficie de 15 m2, para la instalación de su stand donde se mostraron productos de perfumería y artículos de fantasía, tapicería, confitería y plantas exóticas.[24]

Hasta el momento desconocemos si hubo más expositores de casa americanas, aunque creemos no debió tener una gran demanda, pues a pesar de contar estas Galerías Extranjeras con las instalaciones que hasta el momento se han enumerado, quedó un amplio espacio en forma de L invertida, donde se instaló el II Salón de Aeronáutica Nacional. 

Que si bien en un principio este Salón Aeronáutico solicitó una gran superficie (4.000 m2) en el Pabellón de Maquinarias, en diciembre de 1928, debido a las pocas peticiones de expositores extranjeros, y el espacio que quedaba disponible, le fue concedido en mayo de 1929, casi 1.600 m2, (aunque creemos fue mayor) en estas Galerías, al precio de 10 pts/m2. 
Reconstrucción de cómo pudieron estar distribuidas las instalaciones en el interior de las Galerías Comerciales Extranjeras.

NOTAS

[1] .- Reglamento General de la Exposición Iberoamericana. Cuadro de Tarifas. Galerías Comerciales Extranjeras. p.3
[2] .- Ibidem.
[3] .- Rodríguez Bernal, E. (1994) Historia de la Exposición Ibeo-Americana de Sevilla de 1929. (Sevilla). Edt. Servicios de Publicaciones del Ayuntamiento de Sevilla. p. 95
[4] .- Ibidem. p. 105
[5] .- A.M.S. Sección XVIII Exposición Iberoamericana. Rollo 630. Caja 3. Acta del pleno del Comité Ejecutivo de 01 de junio de 1926. Comunicaciones oficiales del Ministro de Estado.
[6] .- Rodríguez Bernal, E. (1994) Historia de la Exposición…….. pp. 110-111.
[7] .- Graciani García. A.(2010) La Participación Internacional y Colonial en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. (Sevilla). Edt. Servicios de Publicaciones del Ayuntamiento de Sevilla. p. 114
[8] .- Ibidem. pp. 114-115
[9] .- Ibidem. p. 110.
[10] .- Ibidem. pp. 111-112
[11] .- Ibidem. pp. 110 y 114
[12] .- Exposición Ibero-Americana. Sevilla (1929-1930). Rieusset S.A., Compañía General de Industrias Gráficas, Barcelona. p. 69
[13] .- A.M.S. Rollo 662, caja 39 fotograma 193. Acuerdos de la sesión de la Permanente del 14 de diciembre de 1928.
[14] .- Mora Arenas, V. (1929) El avance de la provincia de Sevilla desde el 13 de Septiembre de 1923 (Sevilla) Imp. Gómez Hermanos. pp.182-183
[15] .- Graciani García. A.(2010) La Participación Internacional….. pp. 114-115
[16] .- Ibidem. p.113
[17] .- A pesar de haberse intentado contactar con la Embajada de Panamá en Madrid, para corroborar esta información, no se ha tenido respuesta alguna.
[18] .- La información sobre la descripción del stand y de los artículos expuestos, han sido tomadas de:
-Una visita al stand de Panamá. El Noticiero Sevillano, 19 de mayo de 1929. p.2
- Graciani García. A.(2010) La Participación Internacional….. p. 115
- Mora Arenas, V. (1929) El avance de la provincia de Sevilla p. 161-166
[19] .- Exposición Ibero-Americana. Sevilla (1929-1930). Rieusset S.A., Compañía General de Industrias Gráficas, Barcelona. p. 69
[20] .- Rodríguez Bernal, E. (1994) Historia de la Exposición…….. pp. 110
[21] .- El Progreso, 25 de marzo de 1930
[22] .- A.M.S. Rollo 662, caja 39 fotograma 101. Acuerdos de la sesión de la Permanente del 9 de Abril de 1929.
[23] .- García Noriega, I. Raíz de premios Nobel. La Nueva España. Consultado el 13 de febrero de 2018.
http://www.lne.es/siglo-xxi/2010/04/28/raiz-premios-nobel/906005.html
[24] .- A.M.S. Rollo 662, caja 39 fotograma 161. Acuerdos de la sesión de la Comisión Permanente del 1 de febrero de 1929.

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